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En el fútbol, nada puede emocionarnos tanto como ver jugar a la Selección y, más todavía, verla jugar bien y ganar. Ese sentimiento se vino haciendo más fuerte tras la inolvidable experiencia de los Mundiales de Japón y Corea en el 2002 y luego en Alemania 2006.
Fueron dos Mundiales consecutivos donde Ecuador mostró una grandeza que nos permitió ubicarnos en el mapa futbolístico mundial, con honores y prestigio.
El Mundial del 2002, compartido por Japón y Corea, fue la primera gran experiencia donde hubo gente que se enojó cuando el “Bolillo” Gómez dijo que “íbamos a aprender”, y creo que tenía sus puntos muy razonables para pensar así. Un Campeonato Mundial es un evento muy diferente a cualquier otro.
Luego vino el Mundial de Alemania y ya fue otra cosa. Ecuador llegó después de una gran campaña en las Eliminatorias. Y su desempeño superó en mucho a lo que hizo en Japón. Tanto que llegó a clasificarse entre las 16 mejores selecciones de ese mundial, donde fue eliminado muy apretadamente por Inglaterra.
Ahora estamos metidos con la misma emoción y fuerza en las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010. Comenzamos mal, pero fuimos mejorando. Un arranque fatal con derrota de locales ante Venezuela, y las goleadas ante Brasil y Paraguay, nos pusieron a meditar en lo bueno y malo que habíamos hecho, después de haber estado viviendo la gloria de dos Mundiales.
Pero, menos mal que el cambió se dio cuando todavía estábamos a tiempo para retomar el camino correcto. Y rectificamos el rumbo. Con otro piloto que, sin poses ni cosas raras, habló en forma clara con los jugadores, y comenzó con pie derecho. El ecuatoriano Sixto Vizuete aceptó el reto inicial de “dar una mano” al país, haciéndose cargo de la Selección y lo hizo con goleada, como para demostrar que la selección no se había olvidado de jugar al fútbol.
Pero la pérdida de puntos importantes al comienzo nos dejó mal parados. Tres partidos y cero puntos están pesando mucho. Le ganamos a Chile y parecía que todo el camino estaba libre para llegar a Sudáfrica. Pero chocamos con Venezuela que nos volvió a la realidad. La posibilidad de llegar a nuestro tercer Mundial consecutivo otra vez la vemos lejana. El camino es difícil, mucho más que en las dos eliminatorias anteriores. Nadie puede asegurar, a esta altura, que estaremos en Sudáfrica, pero tampoco nadie nos puede negar el derecho a soñar.
El próximo año tendremos 8 partidos. De ellos 4 los disputaremos en Quito, contra los más grandes que encabezan la tabla. Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Un quinto ya pasó y se fue derrotado, Chile. En cambio, tendremos que salir con los que están abajo: Bolivia, Perú, Colombia y, cerraremos con Chile, que nos lleva 4 puntos de ventaja. De por medio está Uruguay y aún Colombia que es otro aspirante con legítimo derecho. Todo este panorama ha enfriado la emoción de otras eliminatorias.
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